-FRÁGIL ALA
No se necesitan los verbos para amar
sólo un dejarse ir por ríos internos y lunimosos.
Una fotografía, testigo del eclipse,
que queda girando en mitad de las horas.
Una mirada desde el centro hasta el cosmos,
un descubrir la sangre, el tacto, la nostalgia
y quedarnos desvestidos por la gravedad de una fuerza.
... Sólo empezar a bosquejar desde cimientos no vistos,
revelados en la flor que se abre durante el secreto de la noche
y quedarnos despiertos, construyendo, mientras todo se hunde
y el polvo, y las ruinas, son inviernos que agonizan
sin saberse estaciones,
enredándose en el nudo de un lazo, en la minúscula piedra,
desde la que, sentados,
hasta ayer contemplábamos las sombras creyendo que eran soles.
Ramas rosas
La noche con sus dientes fríos
se enreda en agosto,
y crujen sus hojas...
Hojarasca y nido
en las ramas rosas.
Lobo de veredas por la luna llena
en las ramas rosas
sólo escucho aullido
y tu letanía
en las ramas rosas.
Un ángel vigilaba el sueño de mi hermano.
Otro hermano a mi lado atesoraba flores.
Caminamos los dos por veredas angostas.
Sólo el sol nos golpeaba con sus rayos de vida.
En el rostro llevábamos, el solemne momento
con el dolor exangüe de la resignación.
De pronto, una baldosa floja mojó su pie sereno
con un olor tan fétido, que reímos los tres.
Entre olores y pequeñas pancartas
absorbentes
sobre el granito espejado
arden ríos que huyen
en mesetas
y reposan
y se amasan
con la palma
con los dedos
una constelación de notas inocentes
se enredan agudas como púas
abren puertas,
abren orejas con playas de arena
y lobos que adoran lejanías
espejos que ondulan como agua
como agua como
fragua
como ola
como ala
Eva Isabel Ruiz Barrios.
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Revisado: 17 de junio 2009