Te paras sobre mis dudas en el país del siempre

poema6

 

VIII
A veces tienes una campera de leñador
y vienes silbando bajo la luna.
Te abrazo con mis ojos
y mis venas te azotan contra la nada.
Soy el incesto, soy tu hija, soy tu madre
y la madre de tu madre y la hija de tu hija.
Un dolor desvestido espera
sobre el césped amarillo del pasado.
Mi cintura congelada frente a los espejos fríos
entra por la boca del silencio.
Me amas con palabras encarnizadas.
Te paras sobre mis dudas
en el país del siempre.
IX
Aúllan besos abandonados
sobre iglesias de sueños.
Todos los rostros son tu rostro.
¿Y ahora qué?
¿Acaso el agua no es llamada a su lugar?
Puede deshacerse el agua,
así es el amor, un río.
En medio de los espejismos que se alzan
con sus rejas
mis cabellos son algas tristes.
X
Vienen los espéculos
volando como largos y puntiagudos pájaros
por los corredores blancos;
alzo las piernas en abanico,
el amor espera del otro lado de la puerta.
A lo lejos, columpia un llanto,
el arrullo del semen,
pájaros ciegos buscando en el vértigo,
veintiocho labradoras doblándose.
Él está con las manos en su sexo,
yo espero desde mis profundidades.
La cigüeña entra en mí
bate sus alas entre mis piernas
pero se lleva sus crías.
XI
Ahora, la laparoscopía
sobre la cama de hierro.
Una lágrima abre el surco.
Desde la camilla corto flores,
ramas, rostros, frascos
y las coloco en mis pensamientos.
Oigo el rumor de los bisturís
abriendo sus alas metálicas,
el poema inhallable en la corteza de mi útero.
Las sábanas son secos párpados.
De: Ese lugar, la vida (2011)

 

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